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Prácticas de Enraizamiento para tu día a día.

Enraizamiento. Una palabra muy poderosa. Una práctica llena de magia. Vivimos, por lo general, en el mundo mental. Estudios científicos han demostrado que el humano de a pie tiene alrededor de 60.000 pensamientos al día, y que el 80% son repetitivos. 

Esto significa que dedicamos una cantidad de energía enorme en simplemente pensar. En juzgar el mundo que nos rodea. En criticar las cosas que nos pasan o llegan. En términos ayurvédicos, vivimos en una sociedad muy vatta y pitta. Estamos todo el día imaginando y creando, pensando y actuando. Esto, en exceso, drena nuestra energía, genera enfermedades y desencadena los conocidos episodios de burn-out

Afortunadamente, existen prácticas y momentos del año que nos invitan a ralentizar el ritmo y enraizarnos un poquito. Tauro, signo de la tierra y de la belleza, nos puede ayudar a conectar con nuestra dimensión más pausada, sensata y humana. 

Tras la energía intempestiva de Aries, viene el sosiego y la calma taurina. El clima astrológico del mes de Mayo nos invita a detenernos para acumular energía y permitir que las cosas empiecen a tomar cuerpo. Para que las ideas empiecen a transformarse en materia concreta.

Tauro es el signo más primitivo del zodíaco, representando el pulso vital de nuestras necesidades más básicas y los aspectos cíclicos y fértiles de la tierra. Esto significa que durante esta época del año, es interesante mostrarse receptivo ante las necesidades del cuerpo. 

¿Y cómo lo hacemos si nadie nos ha enseñado a escuchar nuestro cuerpo?

Con prácticas de enraizamiento. Enraizarse significa, literalmente, penetrar la tierra. Conectar muy íntimamente con ella. En la dimensión del ser, el elemento tierra representa el cuerpo burdo, material y más perceptible. Es por eso que las prácticas de enraizamiento nos ayudan a escuchar, sentir y entender el cuerpo. Porque son prácticas que nos permiten llevar toda nuestra atención a las sensaciones que tenemos. 

¿Y cómo lo hacemos?

Existen diferentes prácticas de enraizamiento, muy sencillas pero a la vez poderosas.

Contacto directo con la tierra : caminar descalzo de forma consciente (también conocido como grounding) por un bosque, un campo, playa o jardín es tremendamente beneficioso para el cuerpo. Éste necesita del contacto de la tierra y todos los nutrientes que aguarda, para estar en equilibrio y en sintonía. A través de los poros de la piel, el cuerpo absorbe los minerales que están presentes en la tierra fértil. Esto nutre nuestra energía física pero también divina, pues al sentirnos uno con el suelo, nos llenamos de la fuerza, estabilidad, coherencia y solidez que nos proporciona la Madre Tierra. Esta práctica ayuda a calmar la ansiedad y el estrés, dos grandes obstáculos a la hora de enraizarnos para escucharnos. Además estimula la circulación plantar, creando un efecto muy positivo en diferentes órganos vitales, como el corazón. 

Posturas de Yoga de pie: existen diferentes posturas yóguicas para balancear Mulhadara Chakra, el chakra raíz. Todas estas son las posturas de pie como Tadasana, Urdhva Hastasana, Virabhadrasana I, Virabhadrasana II, Trikonasana. Es importante hacerlo descalzos, abriendo muy bien las plantas de los pies y enraizando cada uno de nuestros dedos. Sintiendo como la energía estable y firme de la tierra penetra nuestra zona plantar y asciende por todo nuestro cuerpo. Otras asanas que pueden ayudarnos a anclarnos en el aquí y el ahora son las posturas de equilibrio como Virabhadrasana III o Vrikshasana. En este caso, podemos utilizar el drishti (focalizar la mirada en un punto específico del cuerpo) para trabajar la estabilidad y enraizarnos con más facilidad. Las posturas sentadas, finalmente, son también muy importantes para apaciguar la mente y conectar con la fuerza vital del momento presente. Paschimottanasana o Sukhasana son dos opciones fantásticas, que nos permiten conectar con la tierra a través de la parte trasera de nuestras piernas. Nos ofrecen una base estable para apaciguar los pensamientos, observar la respiración y conectar con el yo interior.

Sahumar: el sahumerio es otro gran aliado para los procesos de enraizamiento. Al estar compuesto por plantas medicinales y sagradas, su humo se impregna de todas sus propiedades terrenales. Cuando lo inhalamos y exhalamos, le estamos enviando un mensaje muy concreto a nuestro cuerpo: “déjate nutrir por la magia que reside en la botánica de este humo sagrado y permite que su conexión con la tierra te estabilice y apacigüe”. Es una práctica energética muy potente que podemos hacer aunque no seamos del todo conscientes. Porque lo más maravilloso de todo esto es que, aunque nosotros no seamos personas que hayamos desarrollado mucho nuestra consciencia, la naturaleza y el cuerpo se hablan de la misma manera. No necesitas ser un yogui o una persona muy espiritual para beneficiarte de los efectos tan positivos de sahumar. Con simplemente estar y respirar, ya está. Puedes descubrir nuestros sahumerios con cristales aquí

Cristales para enraizar: existen varias gemas como el cuarzo ahumado, el jaspe rojo, la shunguita o la obsidiana que ayudan a conectar con la energía de la Tierra y enraizarnos. 

Alimentos Kapha: por otro lado, en la ciencia del Ayurveda se han identificado alimentos que nos ayudan a estabilizarnos, sentirnos y anclarnos. Son alimentos densos que provienen directamente de la Madre Tierra. No es casualidad que éstos se cultiven bajo ella, pues esta forma de crecimiento les proporciona su energía sólida, estable, nutritiva y llena de vida. Son los tubérculos como la remolacha, el boniato o la patata, por ejemplo. Una alimentación kapha es una alimentación densa, cálida, muy nutritiva, que nos permite conectar con la dimensión más sólida y visible de nuestro ser: el cuerpo físico. Esto nos ayuda a focalizar la atención en el aquí y el ahora, reduce el aire de nuestro cuerpo (muchas veces desencadenante de grandes dosis de agitación mental) y apacigua el fuego (quien nos incita a estar constante actuando y haciendo).

Para lograr desarrollar y cultivar nuestra espiritualidad es importante mantener los pies en la tierra y honrar nuestra dimensión más terrenal. Conectarnos con la madre Tierra, enraizarnos a ella y poder así florecer. Somos seres espirituales que habitan en un cuerpo físico: si hemos nacido en él, no es sensato rechazarlo. Todo lo contrario. Su fortaleza, salud y armonía nos pueden ayudar a conectar con nuestra parte más divina. 

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